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| Como esto pero grande y cafe. |
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| Mas o menos así. |
Así que sabiendo que alguien que no estaba en condiciones de hablar con la gente sin vomitarles encima y que sería incapaz de realizar un trabajo que consiste principalmente en hablar con la gente sin vomitarles encima, guardé mis cosas y avisé a mis compañeros de que me sentía mal y le eché la culpa a algún elemento de la cena de la noche anterior (omití decir que dicho elemento habían sido cantidades industriales de alcohol mezclados de tal forma que desafiaban todo cuanto sabia sobre mecánica de fluidos lo cual por cierto no es nada en lo absoluto) salí de mi trabajo y empecé a caminar.
En total camine unos 17km, así como los reyes magos seguían la luz de la estrella de Belén con la esperanza de conocer al nuevo rey de los judíos yo caminaba guiado por la esperanza de que la caminata me bajase la cruda a un punto aceptable como para tomar un camión y llegar a mi casa, la idea de estar apretujado y encerrado en una caja de metal que se mueve a 60km por hora y que se balancea y se agita cada que pasa por un tope o una curva extrañamente no me hacia ninguna ilusión. Así que, caminé, caminé y caminé y caminé hasta que llegue a una tienda y tuve mi segunda brillante día: entre y compre un pan Bimbo y un sprite con la idea de que la mezcla haría una especie de masa en mi estomago que funcionaria como una suerte de tapón y calmaría mi estomago, ademas dicha masa no solo serviría como tapón sino que ademas absorbería el contenido de mi estomago con lo cual terminarían mis nausea. Grave error.
Me acabe el sprite de un trago y me comí el pan tan rápido que me mordí los dedos pero el malestar no paró en lo absoluto, yo en mi claridad mental se lo atribuí a un déficit de sprite y pan Bimbo así que entre a la siguiente tienda que me topé y compré lo mismo.
| Afortunadamente tenia 30% menos azucar que la dosis mortal. |
Y ahí estaba yo, un chicle mascado y pegado bajo la mesa de un food-court de centro comercial comiendo comida chatarra y caminando un miní-maratón en uniforme de trabajo y de pronto me di cuenta de que estaba en el lugar mas bonito del mundo o por lo menos de la ciudad.
Oculto entre las tiendas de autoservicio, había un agujero entre los manglares que daban vista a un muelle abandonado.
Me acerque al muelle lo suficiente como para no enterrarme un clavo oxidado (porque pensé que eso le hubiera quitado gran parte del encanto). El haber tenido una camara a mano hubiera sido algo muy extraño y en cierta medida mágico en aquel punto en parte porque yo no tengo una camara en primer lugar, pero de tenerla hubiera podido capturar esa imagen y mostrarselas.
Me quedé creo yo cerca de una sentado en aquel lugar contemplado la laguna, echandole trocitos de pan a los pececitos y hablando con los cangrejos hasta que empezó a subir la marea, con ello el oleaje y el movimiento en vaivén del agua que me recordó que estaba bien pinche crudo, así que me fui, camine un poco mas, hice pipí en una palmera y tome un autobus pero me baje antes de llegar al centro.


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